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“Cuando los frailes hicieron el convento aquí, por algo fue”. Buen argumento el de Jesús, mientras caminamos entre tomillos, espliego y lavanda hacia un punto: el antiguo monasterio de Nuestra Señora del Risco, que se encuentra en las inmediaciones de la localidad de Amavida (Ávila). Un camino que comienza entre chopos y robles, envuelto en la magia de lo que queda por descubrir; aunque quizá el misterio sólo esté en las aspiraciones del que se acerca a conocer este bello lugar de la comarca abulense del Valle Amblés. Desde el pueblo parece una mota en el horizonte, una torre lejana y misteriosa que parece haber nacido del propio pedregal que la rodea.
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Las historias se entremezclan más que en tiempo en espacio. Fundado en 1504 por Francisco de Rivera, el esplendor de este enclave todavía queda patente en sus grandes y fuertes muros, al menos en los que aún quedan en pie después de sufrir, desde mediados del siglo XIX, el tremendo golpe de la desamortización. Éste fue el punto de inflexión, como en tantos otros casos de patrimonio eclesiástico, y a partir del mismo comenzó su ruina. Antes, cubierto de gloria, en este monasterio lleno de vida guardaban animales domésticos y cultivaban sus huertas orientadas al mediodía.
Punto de miraAMAVIDA+017.jpg)
Desde lo alto de la torre de este antiguo complejo de construcciones, se divisa toda la comarca, flanqueada suavemente por la Paramera, al Sur, la Serrota, al Oeste, la Sierra de Ávila, al Norte, y a lo lejos, en los días muy claros, se llega a ver hasta Navacerrada y la conocida montaña de la Mujer Muerta, ya en Segovia. Los más atrevidos pueden subir a lo alto y contemplar, desde sus enormes vanos de piedra, y ya sin campanas –también están en Villatoro- el paisaje rocoso, en un caso, montañoso –hacia la Serrota- y llano –de cara al valle- que se contempla desde lo alto. Es fácil imaginar tropas de guerreros, rebaños, pastores y caminantes llegando hasta estas tierras, o pasando de largo, ajenos al esplendor de este lugar.
Cruce de caminos
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Las historias se entremezclan más que en tiempo en espacio. Fundado en 1504 por Francisco de Rivera, el esplendor de este enclave todavía queda patente en sus grandes y fuertes muros, al menos en los que aún quedan en pie después de sufrir, desde mediados del siglo XIX, el tremendo golpe de la desamortización. Éste fue el punto de inflexión, como en tantos otros casos de patrimonio eclesiástico, y a partir del mismo comenzó su ruina. Antes, cubierto de gloria, en este monasterio lleno de vida guardaban animales domésticos y cultivaban sus huertas orientadas al mediodía.
Punto de mira
AMAVIDA+017.jpg)
Desde lo alto de la torre de este antiguo complejo de construcciones, se divisa toda la comarca, flanqueada suavemente por la Paramera, al Sur, la Serrota, al Oeste, la Sierra de Ávila, al Norte, y a lo lejos, en los días muy claros, se llega a ver hasta Navacerrada y la conocida montaña de la Mujer Muerta, ya en Segovia. Los más atrevidos pueden subir a lo alto y contemplar, desde sus enormes vanos de piedra, y ya sin campanas –también están en Villatoro- el paisaje rocoso, en un caso, montañoso –hacia la Serrota- y llano –de cara al valle- que se contempla desde lo alto. Es fácil imaginar tropas de guerreros, rebaños, pastores y caminantes llegando hasta estas tierras, o pasando de largo, ajenos al esplendor de este lugar.
Cruce de caminos
El monasterio de Nuestra Señora del Risco es punto de encuentro de tres caminos bien definidos, asentados en piedra, en otras tantas direcciones: Amavida, Villatoro y Vadillo de la Sierra. Es fácil distinguir sus huellas y ver dónde se dirigían.
Durante mucho tiempo, este recinto conventual se consideraba “tierra de nadie”. En el año 2000, el Ayuntamiento decidió registrarlo con titularidad municipal, con toda la responsabilidad que ello supone. Ahora los caminos hasta este lugar ya no son tan complejos y se puede acceder tanto desde Amavida como desde Vadillo de la Sierra. Ahora los visitantes que habitualmente se dirigen al lugar pueden estar seguros de que hay alguien que les observa. Cuidan de que, al menos, los restos del Risco se mantengan firmes. Tanto como su historia.
Cómo llegar
Desde Ávila, por la N-110 Soria-Plasencia, a 32 kilómetros. Hay que cruzar la localidad de Amavida y seguir, de frente, por un camino durante algo más de 3 kilómetros. Habrá que tener cuidado con algunos desniveles, y el vehículo se puede aparcar en una explanada, a los pies del monte. A partir de este punto, cada uno hace el camino hacia arriba, cruzando varios campos en los que se pueden contemplar grandes robles. Uno de ellos, de unos seis metros de diámetro, es considerado el mayor de la zona. Es algo más de un kilómetro a pie.
También cabe la posibilidad de acceder desde la carretera que se dirige a Vadillo de la Sierra. Hay que dejar el vehículo en la linde de la carretera y seguir a través de prados, casi en línea recta. La ventaja de esta ruta es que se evita la subida del acceso por Amavida, aunque el recorrido es algo más largo, caminando (unos tres kilómetros).